Género, tono y para quién
Antes de escribir una sola escena, tres decisiones rápidas le ponen rieles a tu historia. Cuando termines esta lección vas a saber qué clase de libro estás escribiendo, y la IA también.

El género fija expectativas
El género no es una etiqueta para la librería: es una promesa al lector. Quien agarra un misterio espera un enigma y una resolución. Quien agarra un romance espera dos personas que terminen juntas. Quien agarra terror espera pasar miedo.
Saber tu género te ayuda a vos (sabés qué piezas necesita tu historia) y le ayuda a la IA (escribe dentro de las reglas correctas). No tenés que encajar en uno solo a la perfección: alcanza con saber cuál es el principal. “Fantasía con un misterio adentro” es una respuesta perfecta.
Elegí el género que vos leés. Vas a escribir mejor lo que disfrutás.
El tono en tres palabras
El tono es la sensación, el “vibe” de tu libro. Y la mejor forma de fijarlo es en tres palabras, no en un párrafo.
- Oscuro, tenso, melancólico.
- Liviano, divertido, cálido.
- Épico, urgente, emocionante.
- Íntimo, triste, esperanzado.
Esas tres palabras son oro para la IA. Si le pedís “escribí una escena triste pero con un fondo de esperanza, en un tono íntimo”, vas a tener algo mucho más afinado que si solo decís “escribí una escena”. El tono es lo que hace que dos libros del mismo género se sientan completamente distintos.
Escribile a un lector concreto, no a “todos”
Este es el que casi nadie hace, y el que más cambia tu escritura: ¿a quién le escribís?
“A todos” no es una respuesta. Cuando escribís para todos, no escribís para nadie, y el texto sale tibio. Pensá en una persona: alguien que va a amar exactamente este libro.
Tu lector no es “todo el mundo”. Es una persona concreta que va a amar exactamente esta historia. Escribí para esa persona.
Puede ser real o imaginaria: “alguien que devora thrillers en el subte y quiere no poder soltar el libro”, “una persona que extraña los cuentos de hadas oscuros de su infancia”, “lectores de romance que están cansados de los protagonistas perfectos”. Cuanto más concreto, mejor. Esa persona te va a guiar mil decisiones: qué incluir, qué cortar, qué tan rápido ir.