Escribir es la mitad del trabajo. La otra mitad es que alguien lo lea. Y esa mitad, casi todos la saltean.
El otro 50% del trabajo
Un libro que nadie lee no terminó de existir del todo. Mostrar lo que escribís no es vanidad ni es “para cuando esté listo”: es parte del oficio, igual que escribir las escenas.
No hace falta esperar a tener el libro entero. Podés ir mostrando pedazos en el camino, mientras escribís.
Tres formas de mostrar (sin esperar a nada)
Mandáselo a alguien de confianza. Un amigo, un lector beta, alguien a quien le guste el género. No el libro completo: una escena que te guste. Suficiente para que lo lea y reaccione.
Pedí feedback concreto. No “¿te gustó?” (te dice “lindo” y listo). Mejor: “¿se entiende qué quiere el personaje?” o “¿el final de la escena engancha?”. Preguntas chicas, respuestas útiles.
Festejá para vos. Terminaste una escena, generaste tu tapa, llegaste a 5.000 palabras: anotalo. Registrar los avances te da combustible para la próxima sesión.